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ISABEL FERRAGUT 

(Radiaciones Mortales)

La muerte de un hijo

La muerte de un hijo es el dolor más grande que pueda existir. Pero si la muerte se produce por un hecho gratuito que corta el ciclo natural de la vida como puede ser una brutal negligencia médica y encima no se encuentra justicia, sólo se encuentra violación de la ley, burla y provocación, al corazón herido de muerte se le acumula tal cantidad de sentimientos encontrados que la vida que ya no es vida se convierte en un infierno del cual resulta imposible escapar.

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Prólogo

La mayoría de las personas en un momento dado de nuestra vida necesitamos o necesitaremos ayuda de profesionales de la medicina: el MÉDICO. Y aunque sabemos que los médicos no pueden salvar todas las vidas que llegan a sus manos, entre otras cosas porque ni llevan vidas de recambio en los bolsillos ni la medicina ha encontrado, todavía, soluciones para todas las enfermedades, les agradecemos la ayuda que nos prestan cuando les necesitamos. Cuando ponen todo su saber y su buen hacer en curar nuestros males, en salvar nuestra vida. ¡La vida! el don más preciado. ¡El gran milagro de la Naturaleza! ¡La única vida que tenemos! Y que si la perdemos dejamos de existir para siempre… Por ello los médicos tienen una gran responsabilidad para con toda la sociedad. Una sociedad que depositamos nuestra confianza en ellos y, con toda la buena fe del mundo, ponemos la vida de nuestros seres más queridos y la nuestra propia en sus manos. Agradecemos que existan personas que se dediquen a esta noble profesión. Sí, agradecemos a los médicos que sienten y practican esa gran responsabilidad, a los buenos médicos, que son la mayoría y a todas las buenas personas que se dedican a la sanidad, al cuidado de la salud y la vida de las personas… ¡Gracias a todos, de corazón!

No obstante lo reconocido en el párrafo anterior también es necesario reconocer que, como en todos los colectivos, entre los médicos también existen malas personas, y las malas personas en la medicina resultan sumamente peligrosas. Hay médicos que protegidos por la bata blanca y un título en la pared, convencidos de que estas dos cosas les proporcionan la imagen de salvadores y buenas personas no tienen reparos en engañar, estafar y experimentar, aunque su experimento conlleve la muerte para la persona que ha confiado en ellos. Psicópatas, les considera el psicólogo británico Kevin Dutton, autor del libro “La sabiduría de los psicópatas”, quién en declaraciones recogidas en la revista Redacción Médica, el 2/10/2016, afirma: “La especialidad sanitaria es la predilecta de los psicópatas.” Gente que no conoce el significado de la palabra empatía, gente faltada de todo sentimiento humano que solo ve en la medicina una forma de poder y de enriquecimiento personal; mala gente que no duda, para protegerse, en culpar al paciente de su propia muerte… Desgraciadamente mi hijo fue víctima de dos personajes de esta calaña.

… A veces he oído decir que solo la Justicia puede llenar el vacío que deja la muerte de un ser querido. Yo digo que ni la justicia ni ninguna otra cosa pueden llenar el vacío que deja la muerte de un hijo, especialmente la provocada por otros sin ninguna razón, gratuitamente. Sin embargo, sí creo que el hecho de que se imparta justicia puede paliar en parte el dolor, aliviar la sensación de llevar un puñal clavado en las vísceras permanentemente. En mi caso la Justicia no hizo más que revolver en mi herida, clavar más profundamente y con más saña, si cabe, el puñal dentro de mí.

Al dolor y el extrañamiento por la pérdida de mi hijo se añadió el dolor que causa la impotencia ante la indefensión, ante el abandono total e incomprensible de la Justicia, de los jueces responsables de proteger a los ciudadanos de los abusos, de los peligros y las estafas de desaprensivos.

Puede decirse que los jueces fueron incluso más crueles que los médicos Benjamín Guix y Enrique Rubio, los causantes de la muerte de mi hijo, Arturo ¡La Justicia…!

Hay una cita de Edmond Locard, médico y criminalista francés, que dice: “El tiempo que pasa es la verdad que huye”. Y en parte parece que es cierto, porque hechos terribles que han llamado poderosamente la atención de la sociedad, que han llenado páginas enteras de los medios de comunicación, entre ellos la muerte de mi hijo, cuando no se ha hecho justicia parece que no hayan ocurrido, parece que todo hubiera sido un falso rumor. En cierto modo parece que la verdad con el paso del tiempo ha huido… Tal vez con este efecto cuentan los jueces que no tienen interés en hacer justicia, que permiten que los responsables de muertes crueles y gratuitas puedan seguir provocando otras muertes y otros daños terribles y gratuitos. Tal vez los malos médicos y los malos jueces confían en que el tiempo y el silencio les haga parecer inocentes…

Personalmente prefiero quedarme con otra frase: “La verdad es hija del tiempo”. Esta era la frase, o más bien el mantra, que repetía la doctora y epidemióloga británica Alice Stewart, quién relacionó los niños nacidos con cáncer con los rayos X que habían recibido las madres durante el embarazo y los cánceres de los trabajadores de la planta de producción de plutonio en Hanford con dicha producción. La doctora Stewart tuvo muchas dificultades con las autoridades de su país pero finalmente fue reconocido su trabajo y en 1986 le fue otorgado en Estocolmo el Premio Nobel Alternativo. Esta frase me hace confiar en que, algún día, la verdad de lo ocurrido con mi hijo se reconozca como una auténtica barbaridad médica y judicial y haya, como mínimo, un reproche, una condena moral tanto para los médicos responsables de su muerte como para los jueces que les protegieron descaradamente, incluso ilegalmente. No puedo resignarme a pensar que los sufrimientos y la muerte de mi hijo se diluyan en el tiempo como, si ni él mismo hubiera existido.

Quiero recordar antes de terminar este prólogo que España ya fue condenada por el Tribunal Europeo de Justicia por la mala aplicación de los rayos X. Eso sí, España sigue haciendo oídos sordos a esta condena. España sigue protegiendo a los poderosos mientras deja abandonados a su suerte a los ciudadanos indefensos ante los tribunales. 

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Actualizada febrero 2019 By danicrack