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Radiaciones mortales

La muerte de un hijo es el dolor más grande que pueda existir. Pero si la muerte se produce por un hecho gratuito que corta el ciclo natural de la vida como puede ser una brutal negligencia médica y encima no se encuentra justicia, sólo se encuentra violación de la ley, burla y provocación, al corazón herido de muerte se le acumula tal cantidad de sentimientos encontrados que la vida que ya no es vida se convierte en un infierno del cual resulta imposible escapar.

Blog Isabel Ferragut

Este Blog, ha sido creado para que el crimen cometido contra la persona de mi hijo Arturo no quede en el silencio ni pase al olvido. Y, en esta ocasión, lo haré transcribiendo los textos del nuevo libro en elaboración dedicado a mi hijo, a su impuesta muerte y a la gran injusticia judicial recibida. Negligencia e injusticia que han impactado a una parte importante de la sociedad, así como a una gran parte de los colectivos médicos de distintos países del mundo.

El libro será editado en papel; ignoro cuando quedará finalizado ni el libro ni este blog, pero tengo la esperanza de quien esté interesado en este dramático suceso, lo siga.

De entrada, el lector puede encontrar textos ya escritos, que creo le harán comprender la importancia de la denuncia escrita y del porqué me resisto a pasar página como muchos me aconsejan por mi bien no lo dudo. Pero, las injusticias no pueden quedar impunes, ni nuestros queridos hijos muertos por actuaciones criminales médicas caer en el olvido.

El escándalo de este proceso judicial, entre otros, es el hecho de que los jueces para proteger a los médicos acusados, Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García, hasta han llegado a contradecir las declaraciones de éstos en las vistas orales del juicio. A pesar de que los médicos declararan en el juicio que “no avisaron a mi hijo del riesgo que corría porque de avisar nadie se lo haría”, los jueces contradicen su declaración y en sus sentencias afirman, que, por la forma de ser del paciente, que era muy meticuloso en sus preguntas, “se sobreentiende” que sí le avisaron.

Los jueces olvidan que, el “se sobreentiende” o el, “se presupone”, en los razonamientos jurídicos no son válidos y mucho menos cuando existe un riesgo de muerte: los hechos punibles se han producido o no, y esto es lo único que cuenta.

Los jueces también encuentran muy bien, que “los rayos de vez en cuando den una broma”, y maten a las personas, como declaró el propio doctor Enrique Rubio García, o que se apliquen por “el ojo clínico”, como declaró el doctor Benjamín Guix Melcior. La señora Fiscal, que preguntó al doctor Rubio, si creía que era una broma el que muriera una persona, los acusó de imprudencia temeraria profesional con resultado de muerte, solicitando cuatro años, dos meses y un día de cárcel para cada uno de los culpables, inhabilitación especial y cincuenta millones de las antiguas pesetas de indemnización, parte de la cual debería de haber satisfecho la Clínica DEXEUS como responsable civil subsidiaria. Pero, a pesar de las pruebas irrefutables presentadas y de las declaraciones de los médicos que descubrieron el horror cometido y se mantuvieron firmes en sus afirmaciones, los jueces han hecho oídos sordos y con sentencias que han sido calificadas por gente de la propia judicatura de “alarma social”, los dejan impunes.

Todo, violando el derecho más sagrado que tenemos los seres humanos: un bien protegido por la Ley, como es nuestro DERECHO A LA VIDA.
Quiero adelantar, que antes no pude ver sentados en el banquillo de los acusados a los Dres. Guix y Rubio, tuvieron que pasar siete años desde que se presentó la querella y ésta fuera admitida a trámite. Los procesos se eternizan. Hay quien enferma y muere esperando justicia. Todo explicado en este mismo Blog.

Es importante el tema del “Consentimiento informado”, en el qué, los jueces, de forma descarada, han violado flagrantemente. El consentimiento que dicen firmó mi hijo, se lo hicieron firmar de forma fraudulenta, y aunque cómo reconocen los propios jueces no dice nada en concreto, todo y así, se inventan, atribuyendo a mi hijo dotes de adivino, que sí aceptó el riesgo, y esto, sin decírselo ni estar escrito en ninguna parte. Pregunto: ¿Alguien puede creer que un muchacho lleno de vida que quiere solucionar su problema para no tener problemas de salud en el futuro va a aceptar que le quemen el cerebro (achicharren) y le condenen a muerte de forma irreversible y cruel? Esto sólo lo pueden proponer unos locos peligrosos como muy bien reflejan algunos medios de comunicación, y sólo aceptarlo otro loco, y mi hijo no era ningún loco.

Es importante también, ver la noticia aparecida en “La Vanguardia” del día 28 de abril de este mismo año 2014 sobre una negligencia médica condenada por la mala forma de conseguir el “Consentimiento informado”, insertada más adelante. Si bien el protocolo que se debe seguir sobre el “Consentimiento informado” ya lo he publicado en diferentes escritos, es interesante ver cómo en este caso el juez lo expone claramente. Vean la diferencia que existe entre este caso y el de mi hijo, que además quedó claro, en el juicio, que ellos, Guix y Rubio, sabían que lo podían matar y no lo evitaron. El “Abuso de confianza” que está tipificado en el Código Penal como agravante del delito criminal, los jueces, que en desgracia nos han tocado a la hora de juzgar, se lo han pasado, descaradamente como todo, por la suela de los zapatos. Y luego, los del Tribunal Supremo nos amenazan a mi abogado y a mí cuando denunciamos las irregularidades cometidas por los jueces en las sentencias y la prevaricación clara a más no poder. Esta es la “Justicia” que tenemos, de momento, en nuestro tan cacareado “Estado de Derecho”.

Aunque he de decir, que quizás el menos malo del regimiento de jueces que han pasado por el caso de mi hijo, sea José María Assalit Vives, el primero en juzgar a los médicos, pues a pesar de las barbaridades que esgrime en su sentencia, reconoce el daño y me deja la vía civil abierta, pero…

No queriendo ser injusta, recordar a los jueces de la Audiencia provincial de Barcelona, Modesto Ariñez Lazaro, Elena Guindulain Oliveras y Nuria Zamora Perez, quienes la primera vez que recurrimos y alegamos que había “indicios de criminalidad” en la actuación de los médicos Guix y Rubio, nos dieron la razón. La cuarta jueza de Instrucción, Doña Montserrat Arroyo Romagosa, ordenó la apertura de las vistas orales del juicio que había sido cerrado cautelarmente de forma chapucera.

En el caso de mi hijo, se han producido hechos muy especiales, muy tristes y, sobre todo inimaginables. Mi hijo, aficionado a la música desde niño, de hecho, estudiaba la carrera de piano pues tenía un don especial para poder llegar a ser un gran concertista de piano como explico más adelante, era un gran admirador de Joan Manuel Serrat; tenía todos sus discos y cancioneros. Canciones que mi hijo cantaba muy bien. Lo que nunca se hubiera podido imaginar mi hijo, ni nadie, es que después de su fallecimiento se hiciera una película para las Televisiones Autonómicas sobre su muerte y, que, como tema musical se hubiera elegido “Penélope”, una de las famosas canciones de Serrat y que él, mi hijo, había cantado en repetidas ocasiones. ¡Todo muy triste!

Entretanto se va elaborando el libro y transcribiendo en el Blog los textos, se encontrarán anotaciones en el mismo allí donde se crea más acertado para dar facilidad al lector interesado, por ejemplo: En el INDICE, se van detallando todos los pasos de los procesos seguidos, desde el inicio hasta nuestros días, y si bien hasta estar terminado el Blog no se podrá acceder a todos los enunciados, si se podrá en aquellos que vayamos insertando marcados con un asterisco. Al final se pondrá la numeración, pues de momento ignoro cuantas páginas me van a llevar cada capítulo.

Podrán ver al final del Blog-libro, las páginas dedicadas a los “Agradecimientos”, importante para mí este reconocimiento. Se verá también el texto de la solapa de la contraportada: es el mimo texto de la solapa de la Portada, pero en catalán. Seguirá la Contraportada para la cual he utilizado la última fotografía que desgraciadamente pudo hacer mi hijo del ya, Templo de la Sagrada Familia. Nosotros, su padre, él y yo, solíamos viajar bastante, recuerdo que mi hijo, un gran enamorado de su ciudad natal Barcelona, solía decirme: “Mira, mamá, que hemos visto ciudades bonitas, pero ninguna tiene un barrio gótico como el de Barcelona ni una iglesia tan extraordinaria y especial como es la Sagrada familia”. Y lo decía emocionado. Mi querido y, él, sí, ¡Extraordinario hijo!  

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Actualizada febrero 2019 By danicrack